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El Juego de la Vida: cuatro reglas capaces de crear un universo

Juego de la Vida

¿Puede surgir algo parecido a la vida sin que nadie la controle?

En 1970, el matemático británico John Conway presentó un experimento extraordinariamente sencillo: una cuadrícula, células vivas y muertas y apenas cuatro reglas.

No hay jugadores.

No hay inteligencia artificial.

No hay nadie tomando decisiones.

Y, sin embargo, ocurren cosas.

Algunas estructuras desaparecen. Otras permanecen inmóviles. Algunas laten siguiendo ciclos perfectamente regulares. Otras comienzan a desplazarse por el espacio. Y existen configuraciones capaces de producir nuevas estructuras una y otra vez.

Bienvenido al Juego de la Vida de Conway.

Y ahora puedes experimentar con él directamente en VIDA, el nuevo laboratorio interactivo de WIKINFO.

Un juego en el que nadie juega

El nombre puede resultar engañoso.

El Juego de la Vida no es realmente un juego convencional. Es un autómata celular, un modelo matemático formado por una cuadrícula de células.

Cada célula solo puede encontrarse en dos estados:

viva o muerta.

Además, cada una tiene ocho posibles vecinas: las situadas horizontal, vertical y diagonalmente a su alrededor.

Eso es prácticamente todo lo que necesita saber nuestro pequeño universo.

Una vez colocamos las primeras células y ponemos la simulación en marcha, nosotros dejamos de intervenir.

A partir de ese momento, cada generación surge exclusivamente de la anterior.

Las cuatro reglas de la vida

En cada generación todas las células se actualizan simultáneamente.

Las reglas son sorprendentemente sencillas:

1. Nacimiento. Una célula muerta que tenga exactamente tres vecinas vivas cobra vida.

2. Supervivencia. Una célula viva que tenga dos o tres vecinas vivas continúa viviendo.

3. Muerte por soledad. Una célula viva con menos de dos vecinas vivas muere.

4. Muerte por sobrepoblación. Una célula viva con más de tres vecinas vivas también muere.

Matemáticamente, esta regla suele escribirse:

B3/S23

B3 significa que una célula nace con tres vecinas.

S23 significa que una célula viva sobrevive con dos o tres.

No hay ninguna regla que diga:

«Construye algo interesante».

Ni:

«Muévete hacia la derecha».

Ni mucho menos:

«Crea una estructura capaz de fabricar otras estructuras».

Pero ocurre.

Y ahí empieza lo fascinante.

Máquinas que nacen de cuatro reglas

En VIDA hemos incorporado distintas configuraciones que ya han sido estudiadas para que puedas experimentar con ellas sin tener que construirlas célula por célula.

Encontrarás patrones como Glider, Blinker, Beacon, Toad, Pulsar, R-pentominó, Gosper Glider Gun, Lightweight Spaceship, Diehard, Acorn, Pi-heptomino y Exploder.

Y cada uno hace algo diferente.

El Blinker, por ejemplo, oscila continuamente entre dos estados.

Un Glider parece desplazarse por el tablero generación tras generación.

El R-pentominó comienza con solo cinco células y desencadena una evolución extraordinariamente larga antes de estabilizarse.

Y la Gosper Glider Gun va mucho más allá: genera periódicamente nuevos gliders que escapan de la estructura original.

No hemos programado esos comportamientos individualmente.

Todos obedecen exactamente las mismas cuatro reglas.

Prueba a crear tu propio universo

VIDA también permite empezar desde cero.

Puedes dibujar células directamente sobre la cuadrícula, generar una población aleatoria o seleccionar una de las máquinas conocidas.

Después solo tienes que pulsar:

A partir de ahí, observa.

Puedes detener la simulación, avanzar una única generación, modificar la velocidad, acercarte al tablero o seguir la evolución de la población.

También puedes hacer experimentos deliberadamente absurdos.

Dibuja tu nombre.

Construye un cuadrado enorme.

Llena una zona de células.

Coloca dos patrones cerca uno del otro.

Después pulsa INICIAR.

El resultado no está animado previamente ni preparado para sorprenderte.

Se calcula generación tras generación.

¿Por qué resulta tan fascinante?

Porque el Juego de la Vida plantea una pregunta que desborda el propio experimento:

¿Cuánta complejidad puede surgir de unas reglas extremadamente simples?

Una célula del Juego de la Vida no conoce el tablero.

No sabe qué es un Glider.

No sabe que pertenece a una estructura.

Ni siquiera sabe lo que ocurrió en la generación anterior.

Solo responde al estado de sus vecinas inmediatas.

Y el comportamiento global aparece como consecuencia de millones de pequeñas interacciones locales.

Ese fenómeno se conoce como emergencia y aparece en numerosos campos de estudio de los sistemas complejos.

La lección del Juego de la Vida resulta deliciosamente incómoda:

para obtener comportamientos complejos no siempre hacen falta reglas complejas.

Entra en VIDA y experimenta

Leer sobre el Juego de la Vida está bien.

Pero este es uno de esos conceptos que se entienden mucho mejor cuando uno empieza a tocar botones y piensa:

«¿Y qué pasaría si pongo una célula aquí?»

Por eso hemos creado VIDA.

No como una demostración que debas contemplar, sino como un pequeño laboratorio digital para experimentar.

Prueba primero alguna de las máquinas conocidas.

Después borra el tablero.

Construye algo.

Pulsa INICIAR.

Y deja que las cuatro reglas hagan el resto.

Nadie dirige este universo. Y, sin embargo, ocurren cosas.

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